La justicia imputó a cuatro policías por truchar un expediente donde inventaron que Josías salió a robar con un cuchillo. Luego lo torturaron. Por la tragedia de Josías se creó en Oberá un centro para contención de menores, por lo que ningún chico debe ser ingresado a una comisaría
Un menor de 15 años esposado a la reja de una celda durante horas. El chico llora y pide por su mamá, los policías se ríen y lo amenazan. Lo golpean y se burlan. Al menor lo detuvieron por una causa en la cual supuestamente salió a robar con un cuchillo junto a otro chico. Luego se comprobó que era una causa armada.
De eso de trata, en pocas líneas, lo que la justicia corroboró hasta el momento sobre el accionar de efectivos de la Seccional Cuarta de Oberá en perjuicio de Josías Galeano, cuyo cadáver fue hallado el pasado 3 de junio en avanzado estado de descomposición.
Se trata del expediente 82819/2022 que tiene como implicados al comisario Javier José María Rodríguez, al oficial subayudante Jonatan Ariel Jonsson, al oficial subayudante Carlos Juniors Moreira y al cabo Daniel Melnik, investigados por “omisión de hacer cesar o denunciar detención ilegal, falsedad ideológica, privación ilegal de la libertad agravada, severidades y amenazas”.
Ante la gravedad de la denuncia, el comisario Rodríguez sacó licencia hasta fin de año, mientras la justicia avanza en el expediente penal y la Jefatura en el orden administrativo.
Pero lo que le hicieron a Josías no es nada nuevo, aunque en este caso cobra relevancia porque el chico fue asesinado y desde un primer momento su mamá sospechó de policías.
La Seccional Cuarta, en particular, acumula un largo prontuario de violaciones a los Derechos Humanos, como el reciente escándalo que salió a la luz cuando un joven detenido denunció que le aplicaron “mata caballo”, como se denomina en la jerga a un potente tranquilizante que les suministran a los presos sin prescripción médica. Para que “no jodan”, nomás.

No tienen perdón
Con relación al armado de causas truchas, el caso Josías constituye un claro ejemplo de los recursos e impunidad con los que cuenta la Policía. Los cargos clásicos son resistencia a la autoridad, daño y lesiones leves. De manual. Total son ellos contra el detenido.
La falta de capacitación y vocación (una verdadera rareza) desemboca en excesos. Y después, para justificar por qué el preso está lastimado, sacan eso de “la resistencia a la autoridad” etc. etc. etc. Casi siempre todo armado.
Pero lo que hicieron con Josías, un chico de 15 años que no pesaba más de 40 kilos, sobrepasó todos los límites. No tiene nombre lo que le hicieron. No tienen perdón.
Al menos hasta ahora, se probó que lo detuvieron sin motivos, lo esposaron, maltrataron y no avisaron a su mamá, violentando derechos básicos y convenciones internacionales. En otro lado esos policías ya estarían presos. Y si le hicieron eso a un menor de 15 años, que queda para los mayores. Da miedo.
Lo que le hicieron a Josías es tan grave, que a instancias de la Comisión Provincial de Prevención de la Tortura (CPPT) a mediados del mes pasado se inauguró en Oberá el segundo Centro Modelo de Asistencia y Seguimiento de Niños, Niñas y Adolescentes (CEMOAS) de la provincia, hecho que pasó inadvertido para muchos.
El espacio está ubicado en calle Mar del Plata 675 y ahí son dirigidos los chicos con algún conflicto con la ley penal y en situación de consumos problemáticos, a los cuales se les debe brindar una contención interdisciplinaria.
O sea, ahora ningún menor ni siquiera debe pisar la vereda de una comisaría de Oberá, gracias a Dios. La tragedia de Josías salvó a otros chicos, aunque eso no sea consuelo de nada y refuerza la obligación de la justicia de encontrar y castigar a todos los responsables de su asesinato.

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Daniel Villamea, periodista, hincha de River (no fanático), Maradoniano, adicto a Charly García, Borgiano y papá de Manuel y Santiago, mis socios en este proyecto independiente surgido de la pasión por contar historias y, si se puede, ayudar a otros.