Doña Yenni Da Silva falleció el pasado 14 de febrero, a los 82 años. La última vez que charlamos, en su casa, me dijo “hace 40 años que sueño que Alfredo cruza esa puerta y me abraza”.
Alfredo Gregorio -su hijo- nació en Los Toros, Florentino Ameghino, a unos 30 kilómetros de Oberá. Le gustaba el fútbol, la pesca, tocar la guitarra y cantar. Fue el mayor de once hermanos y de gurí aprendió a ayudar en la chacra.
A los 18 le tocó la colimba y en abril del 82 estaba de franco, en la casa de sus padres, cuando llegó el llamado para partir a las Islas Malvinas. Gregorio pertenecía al Regimiento de Infantería 4 de Monte Caseros, Corrientes.
El 8 de junio le escribió la última carta a su mamá. Le contó que estuvo 41 días en un pozo (trinchera) y obvió detalles como el hambre y el frío que devoraban las entrañas y el espíritu de nuestros soldados, como nos enteramos después. En ninguna de sus cuatro cartas se quejó. Siempre le dijo a su mamá que volvería a casa.
Gregorio cayó bajo fuego de metralla enemiga en la batalla del Monte Tumbledown, apenas horas antes de la rendición argentina. Las autoridades de entonces tardaron seis meses en confirmar la muerte a su familia. Seis meses de angustia.
En una entrevista del periodista Nicolás Kasanzew, quien en 1982 cubrió la guerra de Malvinas, el suboficial Walter Pintos dio detalles poco conocidos de la batalla del Monte Tumbledown. Pintos contó que entre cinco enfrentaron a todo un batallón enemigo y el grito de guerra era “Viva la Patria”. Entre los cinco estaba Alfredo Gregorio y el relato de Pintos echa luz sobre su heroísmo.
No se trata de romantizar la guerra, extremo que siempre es un error. Se trata de dimensionar la figura y el valor de Alfredo Gregorio: un joven misionero, de los nuestros, sencillo, de la chacra, que entre sus últimas palabras gritó “Viva la Patria”. Le tocó eso y no arrugó, por él, por su familia, por nosotros. Sería un pecado que nos olvidemos de eso.
Este año, al conmemorarse un nuevo aniversario de la guerra, Alfredo y doña Yenni -donde estén- seguro pudieron darse ese abrazo que ella tanto soñaba.
.
.

Daniel Villamea, periodista, hincha de River (no fanático), Maradoniano, adicto a Charly García, Borgiano y papá de Manuel y Santiago, mis socios en este proyecto independiente surgido de la pasión por contar historias y, si se puede, ayudar a otros.